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La fuerza social

 

La Fuerza Social 

En nuestro libro anterior indicamos la existencia de fuerzas sociales capaces de producir modificaciones y conflictos en las configuraciones, esto nos permitió aseverar que no todo conflicto social era parte de una patología. “La posibilidad de abarcar un objeto de estudio nos permite no tornar patológica a toda la sociedad. Cuando un trabajador social se encuentra encerrado en la problemática familiar o individual, generalmente recurre a la solicitud de exámenes psicológicos como modo de ampliar su percepción diagnóstica, pero además, como una modalidad falsa de interdisciplina. Tener nuestro objeto nos permite diferenciar que no todo el mundo está enfermo sino que puede ser que una vivencia intrasubjetiva no articule con la inter y transubjetiva. Siendo así, no siempre es por patología o anomia (el conflicto) sino por una desarticulación propia de la bisagra entre los representantes (de la razón social con el de la configuración).[1]

Si sobre un estanque se arroja una piedra, ésta generará pequeñas olas hasta que la resistencia de la masa acuática vuelva a su estado de equilibrio. Si por el contrario, un meteorito cae sobre el estanque, éste desparramará todo su contenido y modificará su estructura de estanque a cráter. Del mismo modo que el meteorito, existen fuerzas capaces de modificar estructuras sociales.

Existen fuerzas sociales que engloban a la sociedad en su conjunto. Nos parece pertinente utilizar como ejemplo a la última dictadura militar. Definimos su fuerza social no por los actos que realizó: secuestros, violaciones, torturas, muertos, desaparecidos, robos de niños, robos en general, sino por su eficacia social de terror y falta de comprensión de lo que ocurría. La población reaccionó a la fuerza social de muchos modos: yéndose del país, escondiéndose, humillándose, sometiéndose, hasta dio con los significantes que pudieron sostener a algunos: “algo habrán hecho”; “por algo será”, frases para tolerar una fuerza que nadie, en su sano juicio, podría aceptar. Todas esas maniobras populares pueden considerarse como la manera de supervivencia ante la masacre.[2]

Tenemos fuerzas sociales que remiten a un grupo social y que inciden en la sociedad toda como ser los grupos sexistas. El impulso inicial del feminismo primero y luego de todas las corrientes no heterosexuales impuso su norma social generando, con enorme esfuerzo y sacrificio, la aceptación social de las diferencias sexuales.

Otras fuerzas sociales se producen en contextos más limitados. Las detonaciones en la Embajada de Israel, la AMIA, las torres gemelas en EE.UU. produjeron un clima atónito, de incredulidad, falta de sentido, irracionalidad. Los casos Blumberg, López, Gerez, generaron una fuerza social. Los ejemplos nos permiten colegir que la sociedad genera fuerzas, algunas beneficiosas y otras no tanto. Una barra brava en el fútbol puede imponer su fuerza social negativa y hacer que un evento se suspenda. A toda fuerza social le es inmanente contra fuerzas sociales, presentándose como choque de intereses.

Fuerza social, clima y contagio.

                Diferenciamos el concepto “clima” de fuerza social. Clima es una sensación colectiva  ante determinadas situaciones. Quienes han participado de eventos masivos como un partido de fútbol pueden reconocer, sin dificultad, la incidencia que tiene el público en el desarrollo del juego. Los actores de teatro se han manifestado sobre las reacciones del público en una obra y el modo en que ello incide en la actuación. El efecto que produce ver un recital en vivo, diferente a seguirlo por televisión. El fenómeno que detectamos es de clima y contagio, más, si bien toda fuerza social está nutrida de un clima no todo clima colectivo implica la aparición de una fuerza social.

Fuerza social y moda

            Tampoco concebimos a la moda como una fuerza social. La moda tal como la distinguió una colega se diferencia de una tendencia en lo contingente y poco duradero. Los ejemplos sobre el piercing o el tatuaje remiten a una moda, la razón que mueve a los jóvenes a realizarlo tal vez sea una tendencia. Si la tendencia se verifica y además se carga de contenido tal vez ello de origen a una fuerza social.

Trauma y traumatismo

A veces el efecto de la fuerza social es destructivo para unos y constructivo para otros. Nos valdremos de un ejemplo no muy feliz aunque ayuda en la explicación. Si una persona es violada física o mentalmente se considera que ha padecido de un trauma. El problema del trauma freudiano radica  en el descubrimiento de fantasías reprimidas muchas veces confundidas con el hecho. Esto permitió al psicoanálisis salir de la búsqueda de la “veracidad del hecho” para abocarse al suceso psíquico. Definió trauma y traumatismo del siguiente modo: “Trauma: Acontecimiento de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, la incapacidad del sujeto a responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que provoca en la organización psíquica. En términos económicos, el traumatismo se caracteriza por un aflujo de excitaciones excesivo, en relación con la tolerancia del sujeto y su incapacidad de controlar y elaborar psíquicamente dichas excitaciones”.[3] Nosotros elaboramos una diferencia: llamaremos trauma al hecho o acontecimiento en sí que genera los efectos que dan la significación anterior y por traumatismo al trauma significado.[4]

En Trabajo Social conocemos que la violación psíquica o mental no siempre es producto de la fantasía, accedemos las más de las veces al hecho real, por lo que sugiero adoptar la semántica dando valor en el concepto “traumatismo”, ya sobre el hecho nada se puede hacer, más algo se puede percibir de ese significante introducido a la fuerza en el sujeto.  El significante que ingresa en la situación traumática carece de par, se hace imposible de significar, es un ruido nuevo incorporado en la psiquis del sujeto sin saber dónde ubicarlo, con qué emparentarlo, a qué remitirse para darle cabida y metabolización. La tarea terapéutica, justamente, intenta producir al menos otro significante que pueda generar alguna significación, aún nefasta, pero que permita al sujeto poder ubicarlo dentro de la gama de significantes conocidos para no caer en estados patológicos, imposible de tratar con medicamentos.

La fuerza social destructiva es un acto con un solo significante, enunciado de manera imperativa que impide la posibilidad de comprensión. Cuando decimos acto, expresamos más que lo fenomenal su efecto premeditado; generar terror y falta de lógica como es en el caso de la dictadura. En ese sentido, se diferencia de la fuerza social productiva porque, aún ingresando violentamente, lo hace con al menos dos significantes o, para decirlo en llano, ingresa con discurso, argumento, permitiendo a la gente oponerse o acordar. Puede producir confusión, desconcierto y, a medida que se metaboliza, ésta fuerza tiene adherentes o adversarios[5]. La fuerza social destructiva se produce cuando falta el sentido, generando el terror, la vacuidad, la angustia; mientras que la fuerza social positiva se produce cuando el ingreso abrupto de la novedad o cambio viene significado.

En nuestro trabajo anterior, remitidos al poder,  hicimos una diferenciación entre cambio y evolución indicando que la evolución se producía por la imposición de la fuerza activa sobre la pasiva, mientras que el cambio era el cambiar una cosa por otra sin que supiéramos el resultado al que advendrá[6]. Ahora estamos en condiciones de indicar una nueva diferencia; las configuraciones (estructuras) evolucionan o se cristalizan producto de las fuerzas del poder y de la función paterna, mientras que son fuerzas sociales las que promueven los cambios. Con esta definición cuestionamos el rol del trabajador social como agente de cambio, el trabajador social es un acompañante activo en los procesos evolutivos o involutivos de los agentes con quienes actúa.

Los cambios generados por la fuerza social pueden producir una norma normatizante que, por anticipada, se entiende como iatrogénica o como una anomia creativa. Ambas pueden transformarse en normas normativas, para el caso de la fuerza social productiva y para el caso de la fuerza social destructiva, en anomia iatrogénica.

Veamos ejemplo de lo señalado: el estado deslinda responsabilidades respecto a las barras bravas del fútbol. Por omisión, produce una norma que aún normativa es iatrogénica generando una fuerza social destructiva. Cuando los Juzgados de Menores de Mendoza obligaban a los niños menores de dieciocho años a contraer matrimonio sostenían, con su norma normatizante, una norma iatrogénica generando una fuerza social destructiva. En casos como el de Evangelina[7], recaerá en las instituciones el peso de la fuerza social destructiva, en casos como el de Pedro[8], la fuerza social destructiva recae sobre su grupo familiar. El teléfono celular modificó la norma social de convivencia evaluándose como fuerza social productiva. El divorcio fue una necesidad social sentida que presionó como fuerza social positiva para modificar las situaciones que, de hecho, se producían en la sociedad. La informática, la biogenética, las comunicaciones satelitales producen fuerzas sociales, aún desconocemos sus efectos aunque sí las reacciones sociales.

                                   Cambios sociales

 Fuerza social positiva                                          Fuerza social negativa

 

                                     Producida por:

 

Norma normativa       Anomia creativa      Anomia iatrogénica     Norma iatrogénica

 

                                      Generando:

La fuerza social y el conflicto social

            Las fuerzas sociales se filtran en las configuraciones[9] y no siempre son esperadas o deseadas por las estructuras que ya han logrado un determinado equilibrio. Este equilibrio puede ser roto por estas novedades sociales produciendo lo que denominamos grupos en crisis ocasional. El tatuaje y el piercing son modas identificatorias de una generación. Más de una vez nos encontramos con familias donde los adolescentes de súbito, tatuados o llenos de colgajos, muestran una fuerte oposición a la tradición o cultura familiar. Esta rebeldía, esperable del adolescente, no siempre es bien interpretada por los progenitores que, instalados en padres de niños y prepúberes, colisionan sin entender la modificación producida en la familia por la sociedad. En ocasiones una adolescente se queda embarazada, la familia reacciona mal en razón a que su cultura, honor y tradición se han visto mancillados. La familia puede optar por el aborto, por tenerlo y criarlo o dar el niño por nacer en adopción. Pero a veces las soluciones elegidas no palean el dolor, la mácula, la vergüenza, la desilusión que el acto en sí ha provocado. Puede ocurrir un accidente que deje a un miembro familiar activo en discapacitado o una muerte o un suicidio o un familiar preso o que pierde el trabajo; todos estos ejemplos deben evaluarse no desde el hecho en sí, sino desde la connotación social que apareja dolor, vergüenza, odio, impotencia, etcétera, al grupo familiar que ante la novedad, no sabe cómo funcionar y entra en crisis. Los últimos ejemplos remiten a los denominados casos Grupos en Crisis Ocasional o Grupos Descabezados[10] y consideramos no estar frente a una patología sino a un desajuste temporal en el proceso constructivo del grupo.

Fuerza social;  su génesis.

            A los fines de poder diferenciar un fuerza social de un clima, moda, contagio, etcétera; colegimos cuatro elementos: el empuje, la existencia de un interés, el otro prójimo (que dicho de manera vulgar significa “el qué dirán”) y el objetivo o fin.

1-                   El empuje lo puede producir la sociedad como un todo, o las Organizaciones Institucionales representantes del Estado, las configuraciones y el sujeto.

2-                   Para promover una fuerza social debe haber un interés que atrape a un conjunto de personas o el confluir en un conjunto de intereses, como ser económicos, políticos, culturales, comunitarios. El interés puede ser un producto natural o artificial. Las reacciones populares en Entre Ríos contra las papeleras de Botnia o las manifestaciones populares en Alvear contra la explotación de minas, son ejemplos del interés natural. Un interés artificial puede ser creado por el mercado con fines determinados, como ser: hoy una fuerza social negativa es la inseguridad, como efecto de ésta, el shopping se ha transformado en el lugar más seguro para que los niños puedan andar entre sí solos. 

3-                   Pero el interés colectivo necesita de un efecto rebote que lo consolide, que la opinión pública haga eco del mismo, a favor o en contra. Si carece de esa resonancia no hay fuerza social. El reclamo aborigen en nuestra Argentina cobró significado cuando algunas organizaciones hicieron eco de aquellas. Mucho antes existieron los reclamos que no eran sociales porque la sociedad no daba acuso de recibo de aquellas. Respecto a los ejemplos anteriores, la muerte de un niño, el suicidio, la desocupación, el embarazo son temas con interés social que hacen eco en el “qué dirán social”. Si cada uno de aquellos actos fueran solipsistas no generaría problema social alguno, tan sólo la crisis individual del sujeto afectado. Pero en tanto atañe a una institución social, como en los casos señalados que se hacen públicos, la resolución familiar atañe al conjunto social y este conjunto juzga, aún que no juzgue. Es decir, hace juicio aunque sea en el imaginario social del mismo grupo familiar.

4-                   Podemos colegir, pues, dos objetivos en las fuerzas sociales: uno destructivo y otro productivo cuyo fin es, para la primera una acción regresiva de la sociedad y para la segunda una instancia progresiva.

5-                   La fuerza social no es una sola se producen de maneras simultáneas colisionando entre sí o enredándose sin que generen necesarias modificaciones entre ellas. Fuerzas sociales de clases, de géneros, de ideologías, de políticas sociales o económicas, conforman un universo rizomático.

            De cualquier modo esta gnoseología de la fuerza social es propia del ámbito de la sociología. Para el trabajador social es imperioso saber que existe y afecta sobre el lazo social que afecta al individuo y su configuración social. Del mismo modo, la afectación sobre la estructura de personalidad o de la estructura del sujeto entra en el ámbito de la psicología y del psicoanálisis.  Sea que la afectación sobre el individuo lo lleve a zonas oscuras y desconocidas de su ser, sea que no pueda adaptarse a las novedades sociales, el hecho es que ese uno, en su debilidad, crea efectos de conjunto y a su vez, el conjunto los hace resonantes en el mutuo atravesamiento. Sobre ese desajuste ingresa el Trabajo Social, sobre la operatividad y afectación que la configuración manifiesta, vía lazo social.            

El desarrollo del concepto fuerza social nos ha presentado una novedad: Si la afectación y operatividad son dos variables propias de la definición del Lazo Social y la fuerza social se mide sobre esas variables; ¿estamos frente a una contradicción respecto al objeto de estudio?; ¿el lazo social es la fuerza social? Si no es una contradicción; ¿dónde ubicamos a la fuerza social dentro del desarrollo teórico? 

Las dos variables en cuestión rigen para el diagnóstico específico y la inclusión de la fuerza social dentro de este desarrollo nos permite mayores precisiones.

OBJETO DE INTERVENCIÓN              

Redefinimos el objeto de intervención. Ya no se hablará más de conjuntos, el conjunto A es el objeto de intervención. El conjunto A representa a la configuración con la que tratamos. A la derecha se encuentran los objetos al que se ligan y sobre el cual medimos al objeto de intervención. En lo que otrora era el conjunto B tenemos: para el primer nivel diagnóstico, los indicadores que implican lo propio y los objetos externos, escolaridad, trabajo, etcétera. Al trabajador social, a la institución que el representa, a todas las instituciones intervinientes. Para el segundo nivel diagnóstico ubicamos a la Fuerza Social incidiendo sobre la configuración, sobre los indicadores y a la vez,  generando la fuerza del poder que exógena a la estructura se adhiere a ella como parásito. Esto último nos permite redefinir el origen del Poder en el Lazo Social. En nuestro libro anteror indicamos “Cada vez que un grupo funda una organización, los miembros desligan de sí parte del monto narcisista que conllevan haciendo confluir ese monto a un espacio común al que luego catectizarán como lo creado por el conjunto (los yoes se configuran en un nosotros). El monto de energía entregado forma la organización, que investida de libido, construye la pertenencia y pertinencia a ese lugar man (común) ado. Al mismo tiempo que un monto de energía va hacia la creación de la organización y a la catectización de esta, queda un resto de aquella, desligada y autónoma aunque funcional y parásita de la misma que denominamos poder.”[11]; ahora podemos simplificar la afirmación y decir que cuando se crea una organización el yo entrega parte de sí a un proyecto mancomunado que origina el nosotros, otro monto queda en el yo y un tercero se proyecto a lo social como ideal de la organización. Este ideal se afianza en la Fuerza Social ya sea para confirmar o combatir el proyecto y esta fuerza retorna como poder a la organización. Con este esquema podemos precisar de mejor manera el diagnóstico específico, ahora no sólo mide la manera de introyección del lazo sino que lo mide en relación directa a la afectación y operatividad que genera en él las fuerzas sociales. Su capacidad de absorción, asimilación, adaptación y modificación a ellas, no dará el indicio del modo estructural de la configuración. El afuera con el que hace vínculo nuestro objeto no es nuestro objeto de intervención sino nuestro objeto referencial. El vector X es el lazo social existente. El lazo creado previamente por la cultura que se recrea en los aquí y ahora de los singulares, efectores de dicho lazo en su particularidad. El vector a representa lo real, el hecho o acontecimiento y atraviesa lo visible o manifiesto porque allí se oculta y, a la vez, allí se muestra.

Si en el desarrollo de un caso nos encontramos con que la difuncionalidad no es de la configuración que abordamos sino de la Institución que no responde a la demanda de nuestro objeto, tal como señalamos en la página 35, y en caso de querer continuar la investigación, debemos cambiar el objeto de intervención y colocar a la O.I. de que se trate en dicho lugar. Lo propio si nuestro objeto de intervención es la familia y detectamos que el conflicto debe ser abordado desde lo marital, es decir desde pareja reubicamos a aquella como el objeto de intervención y al resto de la familia la desplazamos a la derecha. De este modo, el corte en el objeto de intervención queda, así lo esperamos, más precisado.

            A modo de síntesis indicamos que al encontrarnos con conflictos leemos:

Para el diagnóstico general:              el choque de lo imaginario con lo simbólico

                                                                promovidas por:

Para el diagnóstico específico: el choche entre la fuerza Social y la estructura

                                                                     Gestando:

                                                                Normas operativas

                                                                anomias creativas                                                 

                                                                anomias iatrogénicas

                                                                normas iatrogénicas

                                                                    de acuerdo a

Para el diagnóstico diferencial:         el declinar de la función paterna

                                                      el autoritarismo de la función paterna 

 

En todos los casos, las fuerzas constitutivas del poder se desligan y dividen en los continentes existiendo siempre predominancia de la fuerza reactiva sobre la activa. En todos los casos, la función paterna debe ser evaluada como disfuncional (lazo social fallido), no funcional (lazo social roto) o a-funcional (lazo social inexistente).

 

Nueva definición del Lazo Social.

            Redefinimos el concepto Lazo social como el elemento que mide a la función paterna con relación a las fuerzas del poder considerando la afectación de las fuerzas sociales  sobre lo individual y el modo individual de operar sobre lo social generando tipos de configuraciones.

 

El sujeto vocero no es el objeto de intervención

En el Lazo Social I se lee: “… no se debe confundir al sujeto que porta la demanda con el objeto de intervención, éste se va conformando a partir del sujeto vocero y sus relaciones. De acuerdo con el tipo de demanda las relaciones serán familiares, vecinales, barriales, institucionales, etcétera. (…)  La confusión entre el objeto de intervención con el objeto de estudio no le ha dado dividendos a la profesión. El objeto de intervención nos delimita el campo de operaciones. El objeto de estudio remite a los conceptos teóricos previamente aprendidos que nos permiten evaluar al objeto sobre el que se interviene. El objeto de intervención determina sujetos, lugares, funciones y vínculos. El objeto de estudio remite a la teoría que promueve la convergencia de lo anterior y permite un análisis de aquello. El Trabajo Social conoce su objeto de intervención. Denominado de muchas maneras el objeto está allí y es operado de distintas formas por el profesional quien, bien o mal, puede dar cuenta de su quehacer.”[12]  

            El primer punto a aclarar es sobre aquel que realiza la demanda y la posible confusión entre este vocero, emergente de alguna situación, con el objeto de intervención. El vocero viene a nosotros en tanto representante de una situación que puede ser atinente al mismo en tanto sujeto, a su pareja o su familia. En tanto representante presenta el vértice simbólico, desde el relato, sin dudas, presenta el vértice imaginario, de intrasubjetividad. En este primer encuentro el solicitante nos muestra el objeto de intervención que él supone debe ser intervenido, también muestra el imaginario interlocutor con que el que habla, que por transferencia nos cabe como lugar. Es en este encuentro, en esta entrevista donde desde nuestra función simbólica perfilaremos el objeto sobre el que se intervendrá.

El objeto de intervención no es el objeto de conocimiento

            Nosotros hemos denominado al objeto de intervención como configuraciones; estas son el sujeto, la pareja, la familia, el grupo y la institución. Ahora bien, el estudio de indicadores y variables sobre el objeto de intervención recaen sobre el saber de la especialidad. El problema que observamos es que el trabajador social se lía con este saber obturando o negando el mismo en relación al objeto de conocimiento. Nosotros consideramos como indicadores la investigación sobre filiación, grupo familiar, trabajo, educación, salud, vivienda, recreación, redes comunitarias, etcétera.  La investigación abarca ambos planos pero con finalidades diferentes. Si tramitamos estas variantes para diagnosticar el objeto de intervención se va en una dirección, en la dirección que el profesional recorre a través de su marco teórico, si además lo hace diagnosticando el objeto de conocimiento, en tanto este objeto es el propio de la profesión y no el de la especialización va en otra. De acuerdo al modo en que se especializa el profesional, los indicadores pueden ser considerados variables para el objeto de intervención. Veamos esto desde un ejemplo. Supongamos una familia con violencia hacia la mujer, podemos observar distorsión en la percepción, creencia mágica, vivencia de catástrofe, resistencia silenciosa, indefensión aprendida, etcétera. Estos síntomas, (señales, indicadores) vienen de la psicología y tranquilamente pueden ser observados por el Trabajador Social especializado que le permitirá confirmar o no datos de la demanda. Pero ello no ofrece una perspectiva desde el Trabajo Social al estado de violencia. El aporte específico sigue en orden a los primeros indicadores que nos dan la pauta de lo relacional al mundo.  Este “relacional al mundo” es la oferta ostensible por medio de la observación empírica sobre la operatividad del sujeto o pareja en cuestión con la sociedad y de esta con aquella.

Primer nivel diagnóstico

Diagnóstico general: 

             Como se observa estamos frente a una doble tarea de estudio. Y debe quedar claramente establecida que una no nos desvincula de la otra. Se puede tener una visión global de situación política que alimenta una situación de agresiones en un grupo familiar donde hay maltrato infantil y poner todo el énfasis en mejorar dicha situación; Ahora bien, ¿cuántos casos enfrentamos donde el mejoramiento externo no evitó la muerte de alguien por los golpes recibidos? La lectura de los indicadores del lazo social pueden ofreceserse para diagnosticar las fallas institucionales y políticas de un Estado sordo ante las leyes[13] de protección, pero nunca se debe perder de vista al propio objeto de intervención que puede tener una dinámica propia que se ve favorecida por el entorno para desenvolver una conducta o un modo de dinamismo interior que a su vez debe ser tratado. Entonces, lo indicadores del lazo social no sólo marcan el modo de intervención de las instituciones del estado sobre la configuración sino y además el modo en que la configuración actúa frente al afuera para que ella misma sea medida.

            Por lo tanto, encontramos, en varias situaciones que los indicadores sociales de la operatividad ofrecen un panorama social positivo que puede implicar un modo de funcionamiento encubridor de la dinámica interna. Nosotros postulamos que no es vía derivación psicológica como se continúa la investigación sino que el propio trabajador social puede dar cuenta de esta situación. Si la demanda enuncia abuso y los indicadores externos no nos dan pautas de ello; la contradicción entre abuso y lo social es materia a resolver. En la mayoría de los casos obtendremos de los indicadores externos, de la operatividad del grupo respecto al mundo, disfunciones suficientes para pensar en el abuso pero si ello no ocurre, es menester adentrarse en el segundo nivel diagnóstico.[14] 

Segundo nivel diagnóstico.

                  En este segundo nivel es cuando se mide la afectación de la fuerza social sobre la configuración; los conflictos de la intromisión entre el afuera con el adentro de la configuración. Se hace notar que la fuerza social incide tanto para la configuración como para las instituciones que representan la sociedad. El objeto de intervención se ve directamente influenciado por la fuerza social, tanto en lo positivo como negativo. Esto nos permitió colegir que en ciertas oportunidades algunos conflictos eran ocasionales, el encuentro con una novedad social que afectaba directamente a alguno de los miembros rompiendo un equilibrio en la configuración factibles de resolver con el tiempo, con su propia dinámica o por intermedio de un profesional que ayudase a la reflexión de la novedad. También que hay ocasiones donde la incidencia de la fuerza social rompe no sólo con el equilibrio sino y además con la tradición, costumbre, modo de vida y que en esos caso la crisis era ya cuantitativa y cualitativamente mayor. Al mismo tiempo vemos la devolución de la configuración a esa fuerza con su propia fuerza interna que a veces funciona como fuerza social y no sólo como mera resistencia a la novedad. Vemos grupos capaces de instalar una dinámica interna que genera afectación en el entorno. Un grupo que lidera una organización barrial para la seguridad provoca una modificación de entorno en su comunidad. Un grupo que transgrede normas generando una conducta en el entorno, ya sea por contagio, ya sea por temor, actúa una operatividad que choca con la establecida. Aquí pretendemos replantear un concepto: la fuerza social incide sobre la configuración y esa incidencia actuada se la observa en su operatividad. Durante mucho tiempo planteamos que la incidencia entre la fuerza social y la configuración eran mutuas, ahora corregimos esta afirmación. La configuración actúa operando en lo social la afectación. Esto no es excluyente de aquella afirmación donde postulamos que el grupo pequeño e incluso el uno son capaces de generar una fuerza social. Pero debemos diferenciar, si el uno (en aquella oportunidad citamos a Freud, Nietzsche, Marx, Jesús, entre otros) es capaz de provocar una fuerza social, ello es estudio de la sociología. La configuración recibe de la fuerza social, no da fuerza social, opera en la sociedad de modo afín o trasgresor a dicha fuerza.  La operatividad es observable empíricamente, la afectación se infiere tomando como referentes de estas las denominadas por nosotros normas/anomias.

Las diferencias provocadas por las colisiones entre la fuerza social y la configuración nos permitieron elaborar tipologías. Estas fueron un intento de caracterizar las diferencias en sus efectos operativos. Hubo errores en su ubicación conceptual, en un inicio las consideramos como nominaciones de estructuras, luego como un modo de describir el lazo y ahora afirmamos que es un intento de dar nominación al objeto de intervención. Si bien estas etiquetas surgen en el primer nivel diagnóstico, consideramos que se visualiza con mayor precisión en el abordaje del segundo.

Entonces; el objeto de intervención consta de configuraciones tipos:

Configuraciones

 Sujeto.

Pareja.

Familia.

Institución.

 

Tipos

Crisis ocasional.

Descabezado.

Crónico.

Muerto o terminal.

Encubridor.

Manipulador.

Anoréxico/bulímico social.

Adictivo.

Confusional.

Desamparado o Estado tiránico.

 

En su momento se aclaró, ningún tipo es puro, van mixturados. El servicio que ofrece la tipología es poder diferenciar tipos de sujetos, tipos de familias, tipos de parejas y tipos de  instituciones, de ningún modo va a contraparte de las definiciones psicológicas y sociológicas que el Trabajo Social tomó prestadas. Familia nuclear, ensamblada, de origen, de procreación, monoparental, etcétera, pueden ser usadas si el profesional se siente cómodo con ellas, nosotros proponemos una tipología referida al objeto de intervención en relación a… es decir, los tipos intentan describir no la conducta ni lo fenomenal de la configuración sino la incidencia de la fuerza social en la configuración operando de un determinado modo el lazo social. O sea, la tipología nos debería servir para anticipar que la descripción tipo del objeto de intervención va referida al lazo social. El psicoanálisis vincular logró salir del uno a uno freudiano al demostrar que la confluencia de yoes disponía de modalidades estructurales autónomas al sujeto pero de directa afectación a él. El lazo social es la inclusión a dicha configuración de los elementos exógenos que también la modifican ya no sólo como una construcción del inconsciente y sus resonancias con los otros yoes, sino y además de la fuerza social que conciente o inconsciente penetra sobre cada yo y sobre cada configuración. 

El diagnóstico no acaba allí. La configuración es afectada por el lazo social que es anterior a la misma. El lazo social es autónomo, anterior y atraviesa a la estructura. Cada estructura[15], metaboliza el atravesamiento del lazo social de acuerdo a su constitución. Es allí donde podemos comprender la diferencia que se produce entre grupos, familias, sujetos, parejas que tienen una morfología semejante pero que operan desigual. Un elemento endógeno pertenece a la estructura y es la función paterna en su calidad de delegado social, de represntante de las normas del conjunto para funcionar en sociedad; la otra, exógena, la otorga la fuerza social que se encarna en la estructura como Poder. La fuerza social alimenta a las estructuras sociales con el poder para realizarse sin que ello defina el qué y el cómo realizar. El poder se encarna en la estructura para potenciar a la misma pero a condición del desenvolvimiento de la  función paterna. Una estructura sin función paterna es pura alienación (a mi modo de ver esto es una abstracción), la estructura conlleva la función paterna ya sea que esta labore fallida, rota o ausente. La posición de la función paterna nos da los tipos de lazo social como homónimos,  y dado que la terminología es sustraída del psicoanálisis, describimos modalidades estructurales con las denominaciones de aquella disciplina: modalidad neurótica, perversa y psicótica. Sin embargo, hemos elaborado una diferencia dentro de la modalidad perversa equivalente al Lazo social roto, con la modalidad psicopática del mismo tipo de lazo social. Aquí tenemos que valorar la estructura inconsciente de la configuración o sea del objeto de intervención y como ella toma el lazo social. Diferencia entre un diagnóstico psicoanalítico de estructura vincular con uno social. 


[1] Marchevsky, C.: Op. cit. Pág. 60

[2] Actualmente se está discutiendo sobre el “derecho humano” que le cabe a la víctima de la guerrilla en los años 70 intentando emular el accionar de aquellas con la de la dictadura militar. Desde el argumento de los derechos humanos poco es lo que pueden objetar los estamentos guerrilleros, la diferencia que intentan promulgar entre terrorismo de estado y “lucha de clases” argumenta a favor de los progolpistas. Sin embargo si se ciñera el análisis en los efectos de la fuerza social se podría obtener una diferenciación notable. La fuerza social de la guerrilla no impulsaba un miedo social, sí miedo de clases y de castas; por el contrario su accionar generó la expectativa,  la ilusión de otro orden u otro mundo, mientras que las Fuerzas Armadas impulsaron el orden tradicional de la mano del terror.

[3] Laplanche,J  Pontalis;J.B.: “Diccionario de Psicoanálisis.” Editorial labor. Bs., As.

[4] Castoriadis hace otro tipo de distinción: “El acontecimiento traumático es real en tanto que acontecimiento, e imaginario en tanto que traumatismo.” En Castoriadis, Cornelius. “La institución imaginaria de la sociedad.” Vol. I. Tusquets. Bs. As. Pág. 233

[5] Remitimos una vez más a la cita 59. La dictadura generó terror, angustia, un solo significante. La gente frente a ella sólo podía obedecer o esconderse. La guerrilla, en acuerdo o no con ella, generó discurso. Pero dado que estamos en el año 2.009 se hace imperiosa la siguiente corrección. Si algo debe ser valorado de la política jurídica de Cristina Kishner es el retorno a los juicios de los homicidas en la dictadura. Cristina procura no dejar demasiados huecos en la historia argentina, dándole un contenido que las generaciones futuras valorarán: Argentina participo del genocidio. En nuestra lógica, la presidenta está poniendo significación a aquella fuerza social nefasta para que deje de ser un hueco doloroso y pase a ser un dolor significado.

[6] Ibíd. Pág.94.

[7] Se verá más adelante.

[8] Ibíd.

[9] Este autor define configuraciones a las familias, grupos, sujetos, instituciones y pareja.

[10] Ver el Lazo social I.

[11] Marchevsky,C. “Lazo Social. Pág. 95

[12] En el lazo Social I, Páginas….

[13] Remito al caso Evangelina trabajado en el libro El Lazo Social II

[14] Obviamente puede resultar que la demanda sea falsa y que detrás de ella haya un interés oculto para realizarla.

[15] Llamamos estructura al fundamento de cada configuración.

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